PAUTAS
PARA EL USO DEL CASTIGO EN EL TRATAMIENTO DE PROBLEMAS DE CONDUCTA ANIMAL

| American Veterinary Society of Animal Behavior (AVSAB) - www.AVSABonline.org |
| Traducción: Isabel Herrán |
El castigo, o el uso de aversivos, fuerza, coerción o correcciones físicas con el fin de cambiar una conducta en el animal (para terminología científica actual, referirse a p.2 Definiciones), es utilizado comúnmente por la mayoría de los dueños de mascotas y por muchos adiestradores caninos. Algunos castigos son aparentemente inocuos, como mojar a un gato con una pistola de agua cuando se sube a un mostrador o gritar "no" cuando la mascota se porta mal. Otros castigos, como sacudir un collar de estrangulamiento o un collar de pinchos para que el perro no tire, derribar al perro y tumbarlo de espaldas asumiendo el papel de alfa cuando nos pellizca, apretar un collar alrededor del cuello de un perro y cortarle la respiración hasta que se someta o utilizar un collar eléctrico para que un perro deje de ladrar, son más severos.
A menudo el castigo es una herramienta de primera línea o de uso temprano por parte del público general y de los adiestradores caninos tradicionales. Aunque el castigo puede ser muy efectivo en algunos contextos específicos que se refieren al animal individualmente, puede estar asociado con muchos efectos adversos muy serios. (referirse a p.3: Efectos adversos del castigo). Estos efectos adversos pueden poner en peligro la seguridad de la mascota y de la persona que administra el castigo. Por causa de estos riesgos de seguridad, la gente que recomienda estas técnicas está tomando un riesgo de responsabilidad a terceros. De la misma forma que las drogas anti-cancerígenas pueden ser altamente efectivas en el tratamiento de enfermedades específicas en individuos pero pueden causar graves efectos secundarios en aquellos mismos individuos o cuando se utilicen inapropiadamente, el castigo está lleno de dificultades.
Los efectos adversos del castigo y las dificultades al administrar castigo con eficacia han sido bien documentadas,¹ especialmente a principios de 1960 cuando tales experimentos aún estaban permitidos. Por ejemplo, si el castigo no es lo suficientemente fuerte, el animal puede habituarse o acostumbrarse a ello, por lo que el dueño necesitará aumentar la intensidad 2,3. Por otro lado, cuando el castigo es más intenso, puede causar daño físico. Por ejemplo, los collares eléctricos anti-ladridos pueden causar marcas de quemadura en los perros. Los collares de estrangulamiento pueden dañar la tráquea, aumentar la presión intraocular en los perros empeorando potencialmente o contribuyendo por tanto al glaucoma en razas susceptibles,⁴ causar un repentino colapso por edema pulmonar no cardíaco (agua en los pulmones) debido a la obstrucción temporal de las vías superiores y causar daño nervioso.⁵ El riesgo de daño es mayor cuando el collar de estrangulamiento se sitúa en la parte alta del cuello del perro.
Incluso cuando el castigo parece suave, ocurre que para ser efectivo a menudo debe suscitar una respuesta de fuerte miedo y esta respuesta de fuerte temor se puede generalizar a cosas que suenen o parezcan similares al castigo. También se ha demostrado que el castigo suscita una conducta agresiva en muchas especies animales.6 De este modo, la utilización del castigo puede situar a la persona que lo administra o a cualquier persona que esté cerca del animal en riesgo de ser mordida o atacada.
El castigo puede suprimir una conducta agresiva o temerosa cuando se usa con eficacia, pero puede que no cambie la causa subyacente de la conducta. Por ejemplo, si el animal se comporta con agresividad por miedo, entonces el uso de la fuerza para parar las reacciones de miedo harán al animal más temeroso, mientras que a la vez se suprimen o se enmascaran los signos externos de miedo; (por ejemplo, una exposición a amenaza/gruñido). Como resultado, si el animal se enfrenta a una situación en la que está extremadamente asustado, puede de repente actuar con agresión intensificada y con pocas señales de aviso. En otras palabras, ahora puede atacar más agresivamente o sin avisar, haciéndolo mucho más peligroso.
Quizás una de las razones más convincentes para utilizar poco el castigo es que el castigo no consigue dirigirse al hecho de que la mala conducta ocurre porque de alguna forma ha sido reforzada - intencionadamente o no. Esto es, los dueños a veces tienen a castigar malas conductas, recompensando en otras ocasiones estas mismas conductas sin darse cuenta. De este modo, accidentalmente preparan a sus mascotas para recibir castigo repetidamente recompensando algunas veces sin querer la mala conducta, que es la forma en que la conducta fue aprendida inicialmente. Esta inconsistencia confunde al animal y puede causar frustración o ansiedad. El castigo tampoco consigue decirle al animal lo que debería realizar en su lugar. Sin una conducta alternativa apropiada el animal puede no tener más opción que realizar la conducta no deseada. Un acercamiento más apropiado a la solución del problema es determinar qué es lo que está reforzando la conducta no deseada, retirar esa recompensa y reforzar una conducta deseada alternativa en su lugar. Por ejemplo, los perros que saltan para saludar a la gente con el fin de obtener su atención. Los dueños normalmente les llaman la atención hablando o gritando, forzándoles para que se tumben o de alguna forma tocándoles. Una solución mejor sería retirar la atención quedándonos de pie en silencio y completamente quietos y recompensar inmediatamente con atención o premios en el momento en el que el perro se sienta. Este enfoque basado en el aprendizaje conduce a un mejor entendimiento de nuestras mascotas y en consecuencia, a una mejora de la relación entre humanos y mascotas.
La norma de los veterinarios
especializados en conducta es que el castigo no se debe utilizar como un
tratamiento de primera línea o de uso temprano para problemas de conducta. Por
consiguiente, le AVSAB anima a los veterinarios a que hagan lo mismo en las
prácticas de veterinaria general. Adicionalmente el castigo sólo debería
utilizarse cuando los dueños del animal sean conscientes de los posibles efectos
adversos. La AVSAB recomienda que los dueños que trabajan con adiestradores que
utilizan el castigo como una forma de modificación de conducta en animales
elijan sólo a aquellos entrenadores que, sin previo aviso:
1) Sean capaces de explicar los efectos adversos más graves asociados con el
castigo
2) Sean capaces de juzgar cuando estos efectos adversos están ocurriendo durante
corto y/o largo plazo
3) Puedan explicar cómo tratarían de invertir cualquier efecto adverso si éste
ocurre o cuando éste ocurre.
Definiciones
Para el
propósito de Declaración de Posición y Pautas para El Uso del Castigo en el
tratamiento de Problemas de Conducta Animal, hemos definido castigo como el uso
de la fuerza, coerción o aversivos para modificar una conducta porque esto es lo
que el público general entiende por castigo. La definición científica de castigo
es un poco diferente. Las definiciones científicas son importantes porque las
compañías de productos para mascotas que utilizan castigo a menudo lo llaman
incorrectamente refuerzo negativo para evitar la connotación negativa de la
palabra "castigo".
CASTIGO es algo que disminuye la probabilidad de que una conducta se
repita.
REFUERZO es algo que aumenta la probabilidad de que una conducta se
repita.
Tanto el castigo como el refuerzo pueden ser positivos o negativos, lo que
significa que pueden tener algo añadido o eliminado.
REFUERZO POSITIVO: añadiendo algo que el animal quiere incrementamos la
probabilidad de que la conducta se repita.
Por ejemplo, si un gato se acerca a tu
casa y le sacas comida, es más probable que visite de nuevo tu casa.
REFUERZO NEGATIVO: eliminando algo aversivo incrementamos la probabilidad
de que una conducta se repita.
Por ejemplo, los adiestradores tradicionales pueden enseñar a los perros a
traer cosas utilizando un método de "apport forzado". En este método, el guía
dice "trae" y aprieta la oreja del perro hasta que este chilla. En cuanto el
perro abre la boca para aullar, el guía le pone una pesa de madera en la boca y
deja de apretar. Haciendo esto, aumenta la probabilidad de que el perro abra la
boca y coja la pesa cuando le diga "trae" la próxima vez. Nótese que el fin de
este entrenamiento es enseñar al perro a coger la pesa con la boca.
CASTIGO
POSITIVO: añadiendo algo que no guste al animal o que encuentre aversivo
disminuimos la probabilidad de que la conducta se repita.
Por ejemplo, un método común para enseñar a los perros a que no salten es
darle un rodillazo en el pecho cuando salte sobre nosotros. Haciendo esto
disminuimos la probabilidad de que el perro salte de nuevo. La meta de esta
técnica es que una conducta no se repita, mientras que la meta del refuerzo
negativo es acrecentar una conducta. Otro ejemplo de castigo positivo es el uso
de entrenadores de ultrasonidos para que los perros dejen de ladrar. Cuando el
perro ladra, el aparato emite un tono ultrasónico que en teoría es lo
suficientemente alto como para molestar al perro, por eso el perro deja de
ladrar.
CASTIGO
NEGATIVO: quitando algo que el perro quiere disminuimos la probabilidad de
que la conducta se repita.
Por ejemplo, si el gato maúlla para pedir atención, eliminar la atención sobre
él hasta que el gato se calle disminuirá la probabilidad de que continúe
maullando para llamar nuestra atención. O si el perro salta sobre nosotros para
saludarnos, quedarse de pie y completamente quieto, para que quede bien claro
que le ignoramos, disminuirá la conducta del salto.
EL REFUERZO
POR CASTIGO POSITIVO Y EL REFUERZO NEGATIVO IMPLICAN AVERSIVOS
De estas cuatro categorías, tanto el castigo positivo como el refuerzo negativo
entran en lo que el público considera como castigo. Estas son las dos categorías
que implican el uso de aversivos, fuerza, coerción o correcciones físicas para
modificar conductas. ¿Cual es la diferencia entre ambas? Muchas compañías se
refieren a sus productos como productos de refuerzo negativo cuando en realidad
son productos de castigo porque su meta es hacer que una conducta cese
añadiendo algo que al animal no le gusta. Por ejemplo, los aparatos de
ultrasonidos anti-ladrido son aparatos de castigo porque su meta es hacer que el
ladrido cese. El que una técnica sea castigo o refuerzo depende de si la meta
principal de la técnica es detener una conducta (castigo) o aumentarla
(refuerzo). En el caso del refuerzo negativo es importante que el aversivo cese
tan pronto como el animal comience a comportarse apropiadamente.
EXPERTOS EN COMPORTAMIENTO
veterinario e investigadores expertos en comportamiento se centran en el refuerzo positivo combinado con el castigo
negativo.
De estas cuatro categorías, las dos más utilizadas por los expertos en
comportamiento veterinario y los investigadores expertos en comportamiento son el castigo negativo combinado con el refuerzo positivo. Ésto es,
eliminan las recompensas a la conducta no deseada y entonces premian la conducta
apropiada. Por ejemplo, si un perro saluda saltando, eliminan la atención sobre
él (castigo negativo) cuando salta y cuando se sienta o se tranquiliza,
recompensan al perro (refuerzo positivo).
REFERENCIAS
1. Hutchinson RR. 1977. By-products of aversive control. In: Honig WK, Staddon
JER, eds. Handbook of Operant Behavior. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall:
415-431.
2. Azrin NH. 1960. Effects of punishment intensity during variable-interval
reinforcement. J Exp Anal Behav 3: 123-142.
3. Azrin NH, Holz WC, Hake DR. 1963. Fixed-ratio punishment. J Exp Anal Behav 6:
141-148.
4. Pauli AM, Bentley E, Diehl AK, Miller PE. 2006. Effects of the application of
neck pressure by a collar or harness on intraocular pressure in dogs. J Am Anim
Hosp Assoc 42(3):
207-211.
5. Drobatz KJ, Saunders HM, Pugh CR, Hendricks JC. 1995. Noncardiogenic
pulmonary edema in dogs and cats: 26 cases (1987-1993). J Am Vet Med Assoc 206:
1732-1736.
6. Azrin NH, Rubin HB, Hutchinson RR. 1968. Biting attack by rats in response to
aversive shock. J Exp Anal Behav 11: 633-639.
LECTURAS ADICIONALES
1. Burch MR, Bailey JS. 1999. How Dogs Learn. New York, NY: Howell Book House.
2. Reid P. 2007. Learning in dogs. In: Jensen P, ed. The Behavioural Biology of
Dogs.
Cambridge, MA: CAB International: 120-144.
3. Yin SY. 2004. How to Behave So Your Dog Behaves. Neptune City, NJ: TFH
Publications.
Efectos aversivos del castigo
EL CASTIGO PUEDE SER EFECTIVO en casos específicos, pero se debe utilizar con mucho cuidado debido a las dificultades de ejecutarlo correctamente, comparado con el refuerzo positivo y debido a sus potenciales efectos adversos. Lo que sigue a continuación es una descripción de las dificultades y los efectos adversos de los que uno debe ser consciente cuando se utliza castigo (aversivos).
1. ES
DIFÍCIL ELEGIR EL
MOMENTO PRECISO PARA CASTIGAR CORRECTAMENTE. Para que el animal entienda que lo
que está haciendo está mal el castigo debe ser aplicado: mientras que la
conducta está ocurriendo, en el mismo segundo o al menos antes de que ocurra la
siguiente conducta.
2. EL CASTIGO PUEDE FORTALECER LA CONDUCTA NO DESEADA. Para que el castigo
influya un cambio duradero debería ocurrir cada vez que la conducta no deseada
suceda. Si el animal no es castigado cada vez, las veces que no está siendo
castigado está recibiendo una recompensa. Adicionalmente estas
recompensas están en un refuerzo de razón variable (por ejemplo. castigo
inconsistente), lo que podría en realidad fortalecer la conducta no deseada. El
refuerzo de razón variable es un programa de refuerzo potente que se usa para
mantener conductas entrenadas con refuerzo positivo. Los animales saben que la
recompensa llega a la larga, pero como no saben cuándo llegará, continúan
realizando la conducta con la expectación de una recompensa final. Así los
animales se vuelven como jugadores de máquinas tragaperras.
3. LA INTENSIDAD DEL CASTIGO DEBE SER SUFICIENTEMENTE ALTA. Para que el castigo
sea efectivo debe ser bastante fuerte la primera vez. Si la intensidad no es lo
bastante alta, el animal puede acostumbrarse a él (habituarse), de modo que la
misma intensidad no funcionará nunca más. Entonces, el dueño deberá aumentar la
intensidad para que el castigo sea efectivo. No importa cuando se administre, el
castigo puede causar daño físico o miedo cuando se utiliza en la intensidad
requerida para que se produzca el aprendizaje.
4. EL CASTIGO PUEDE CAUSAR DAÑO FÍSICO CUANDO SE ADMINISTRA EN ALTA INTENSIDAD. Muchos castigos pueden causar daño físico al animal. Los collares de
estrangulamiento pueden dañar la traquea, especialmente en muchos perros con
traqueas colapsadas o hipoplásticas. Pueden también causar ocasionalmente
síndrome de Horner (daño al nervio del ojo). Algunos perros, especialmente las
razas braquicéfalas han desarrollado edema pulmonar súbito y muy grave,
posiblemente debido a la repentina obstrucción de las vías aéreas, lo que lleva
a un rápido cambio en la presión intratorácica. Y los perros propensos al
glaucoma pueden ser más susceptibles a la enfermedad ya que la presión de los
collares alrededor del cuello puede aumentar la presión intraocular.
5. INDEPENDIENTEMENTE DE LA FUERZA, EL CASTIGO PUEDE HACER QUE ALGUNOS
INDIVIDUOS SE VUELVAN DEMASIADO TEMEROSOS Y ESTE MIEDO PODRÍA GENERALIZAR OTROS
CONTEXTOS. Algunos castigos pueden no
causar daño físico y pueden no parecer severos, pero pueden hacer que el animal
se vuelva miedoso y este miedo puede se generalizar a otros contextos. Por
ejemplo, algunos perros en los que el collar de citronela o el collar eléctrico
se usan precedidos de un tono pueden reaccionar con miedo a las alarmas de los
relojes, detectores de humo u otros aparatos con alarma.
6.
EL CASTIGO PUEDE FACILITAR O INCLUSO CAUSAR CONDUCTA AGRESIVA. Se ha
demostrado que el castigo aumenta la probabilidad de que se produzca una
conducta agresiva en muchas especies. Los animales a los que el castigo no
suprime inmediatamente la conducta, pueden aumentar en sus esfuerzos para evitar
el castigo hasta el punto de que se vuelven agresivos. Aquellos que ya muestran
una conducta agresiva pueden exhibir conductas agresivas más intensas y dañinas.
7. EL CASTIGO PUEDE SUPRIMIR CONDUCTAS, INCLUSO
AQUELLAS QUE AVISAN DE QUE PUEDE LLEGAR UN MORDISCO. Cuando se
utiliza efectivamente, el castigo puede suprimir la conducta de animales
miedosos o agresivos, pero puede que no cambie la asociación subyacente de la
conducta. Por tanto, puede no dirigirse al problema subyacente. Por ejemplo, si
el animal es agresivo por causa del miedo, entonces el uso de la fuerza para
detener las reacciones temerosas harán que el perro tenga más miedo, mientras
que al mismo tiempo suprimirán o enmascararán los signos externos del miedo. Una
vez que ya no pueda suprimir por más tiempo su miedo, el animal podría actuar de
repente con agresión incrementada y con pocos signos de aviso de agresión
próxima. En otras palabras, ahora puede atacar sin avisar.
8. EL CASTIGO PUEDE LLEVAR A UNA MALA ASOCIACIÓN.
Independientemente de la fuerza del castigo, éste puede causar que los
animales desarrollen una asociación negativa con la persona que lo provoca o con
el entorno en el que es utilizado. Por ejemplo, cuando se
usa el castigo para entrenar a los perros a acudir a la llamada, los perros pueden aprender
a venir al trote o caminando (o encogerse cuando se van acercando) en lugar de
volver a los dueños con una rápida carrera como si les divirtiera volver junto a
ellos. O cuando el castigo se utiliza durante durante el entrenamiento de
obediencia de competición o entrenamiento de agility para competidores, los
perros pueden ejecutar los ejercicios con una falta de entusiasmo. Esta negativa
asociación es particularmente clara cuando el perro se vuelve inmediatamente muy
activo al acabar el ejercicio y se le permite jugar. Las mascotas no son las
únicas que pueden desarrollar una asociación negativa por este proceso, los
dueños también pueden desarrollar una asociación negativa. Cuando los dueños
utilizan el castigo, a menudo están enfadados, así que la expresión de fuerza
les está reforzando porque disminuye temporalmente su rabia. Pueden desarrollar
el hábito de enfadarse con frecuencia con su mascota porque "se porta mal" a
pesar de su castigo. Esto puede dañar el vínculo con su mascota.
9. EL CASTIGO NO ENSEÑA CONDUCTAS MÁS APROPIADAS. Uno de los problemas más importantes del castigo es que no se enfoca al hecho de que la conducta no deseada ocurre porque ha sido reforzada - ya sea intencionalmente o no. El dueño puede castigar la mala conducta algunas veces, mientras que inadvertidamente refuerza la mala conducta en otras ocasiones. Desde el punto de vista del perro, el dueño es inconsistente y contundente o coercitivo de una manera impredecible. Estas características pueden dificultar el vínculo mascota/humano. Un enfoque más apropiado a la solución del problema es centrarse en reforzar una conducta más apropiada. Los dueños deben determinar lo que está reforzando la conducta no deseada, eliminar ese refuerzo y reforzar en su lugar una conducta alternativa apropiada. Esto conduce a comprender mejor por qué los animales se comportan como lo hacen y conduce a una mejor relación con el animal.
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2007 AVSAB American Veterinary Society of Animal Behavior
Artículo original:
http://www.avsabonline.org/avsabonline/images/stories/punishment%20guidelines-aversives%20effects-definitions.pdf